Bandejón Central Eje Alameda
UBICACIÓN: Santiago y Estación Central, Región Metropolitana
AÑO: 2024 - 2025
SUPERFICIE: 84.051 m2
La Alameda, desde sus orígenes como La Cañada, ha sido uno de los ejes urbanos más determinantes de Santiago. Nació inicialmente como un eje de distensión hidráulica y pronto se transformó en el paseo arbolado que estructuró la vida cívica y simbólica de la ciudad. Sus hileras de álamos, más tarde reemplazadas por plátanos orientales, dibujaron el primer dosel vegetal continuo del valle; sus explanadas permitieron encuentro, fiesta, manifestación política y el simple acto de caminar. La Alameda no fue solo una calle: fue un modo de habitar la ciudad. Sin embargo, los procesos de modernización, la presión del tránsito motorizado y la fragmentación peatonal han debilitado su carácter original, tensionando su condición de espacio público.
La propuesta aborda esta crisis contemporánea del espacio público, recuperando la lógica fundacional del paseo, entendiendo la Alameda como un sistema continuo de parques urbanos – una secuencia de salas abiertas - que conecta los principales hitos del eje, desde el río Mapocho y Plaza Baquedano hasta la Plaza de la Constitución y Estación Central, reforzando su continuidad histórica.
En este marco, la recomposición del bandejón central se plantea como operación clave, mediante pavimentos continuos, accesibilidad universal, vegetación y mobiliario que restituyen las condiciones para caminar, permanecer y habitar.
Como parte del diagnóstico y diseño, se desarrolló un estudio histórico de la Alameda Bernardo O’Higgins, desde sus orígenes como La Cañada hasta su configuración actual. Mediante la revisión cronológica y superposición de cartografías y planimetrías históricas sobre la estructura urbana contemporánea, se identificaron estructuras iniciales, transformaciones hitos y elementos desaparecidos que han definido su evolución.
Este análisis permitió comprender la Alameda como una construcción histórica conformada por distintas capas temporales presentes en su trazado, vegetación, monumentos, recorridos y espacios públicos. Su reconocimiento constituye una herramienta proyectual para preservar y poner en valor sus preexistencias, así como reinterpretar elementos de su memoria, estableciendo una continuidad entre la identidad histórica de la Alameda y su nueva configuración contemporánea.
El área de intervención corresponde al bandejón central del eje Alameda, extendiéndose desde Plaza Baquedano, en Santiago Centro, hasta el sector de Las Rejas, en Estación Central. Este trazado constituye uno de los principales ejes estructurantes de la ciudad, conectando ambos extremos y estableciendo una continuidad peatonal urbana a lo largo de su recorrido.
A su vez, la Alameda actúa como un eje articulador que recibe y vincula diversos nodos urbanos de relevancia metropolitana, asociados al transporte, los servicios, el patrimonio, los espacios públicos y los principales hitos de la ciudad. Esta condición refuerza su rol como corredor urbano central y espacio público integrador dentro de la estructura de Santiago.
El paisaje actúa como estructura articuladora del proyecto. La alineación de plátanos orientales (que hoy constituye la memoria vegetal del paseo) se revaloriza y complementa con nuevas plantaciones, aperturas visuales hacia las edificaciones patrimoniales y áreas de sombra, configurando un corredor verde que equilibra la escala monumental con la experiencia peatonal.
El bandejón se convierte en corredor verde cuya escala dialoga tanto con la monumentalidad de los edificios públicos como con la cotidianeidad del peatón, permitiendo redescubrir la Alameda como umbral entre el valle del Mapocho y la cuadrícula fundacional, con una narrativa de sombra, piedra y memoria.
La arquitectura del espacio público se organiza a partir de una estructura tipológica común para los bandejones, articulando accesos, recorridos, áreas programáticas y su relación con los frentes urbanos. Los accesos se configuran como halles urbanos vinculados a puntos de ajuste de nivel, desde los cuales se estructura un paseo longitudinal central, continuo y accesible.
En torno a este eje se distribuyen patios interiores y áreas programáticas de distintas escalas y jerarquías, destinadas al encuentro, permanencia y actividad. Hacia los bordes, miradores interiores establecen relaciones visuales con los distintos frentes urbanos, mientras una nueva envolvente paisajística, complementando el arbolado existente, contiene y cualifica estos espacios. Pavimentos continuos, mobiliario e iluminación complementan esta estructura, reforzando la accesibilidad, el confort y el uso del espacio público.
Más que reconstruir el pasado, la propuesta busca reponer su inanterioresteligencia: reactivar la Alameda como espacio colectivo, capaz de acoger la diversidad de la vida urbana y restituir la relación cívica y emocional de Santiago con su principal eje histórico, contribuyendo a la cohesión urbana en un contexto de fragmentación. La Alameda, así recompuesta, afirma la posibilidad de que el espacio público continúe siendo el lugar donde la ciudad se reconoce a sí misma.












